Monday, May 09, 2005

El Poeta.

Dice un poeta: "Nosotros no estamos de acuerdo como la aves migratorias". ¿De qué proposición se deduce ésta? ¿Hay algo desde lo cual pueda razonar este resultado el poeta? Difícil creerlo, pero tal vez podamos encontar algo si escuchamos con atención lo que se aquí se dice.

"Nosotros" presumiblemente se trata de nosotros a quienes se dirige el poeta, a quienes nos une con él el hecho que leamos su poema; nosotros los humanos que, por ser tales, podemos leer poemas. Entonces nosotros no estamos de acuerdo entre nosotros como si lo están las aves migratorias. Y aparentemente las aves lo están toda vez que vuelan juntas. Pero el poeta no habla de estar de acuerdo "entre nosotros" y tampoco dice que las aves lo estén "entre ellas". Quizás el poeta dice que las aves están de acuerdo con algo que las hace volar juntas y que no hay un algo así con lo que nosotros estemos de acuerdo. ¿Qué sería ese algo? ¿ Debido a esta ausencia no caminamos juntos nosotros los humanos? O tal vez no estar de acuerdo es más radical que simplemente no caminar juntos. Tal vez por eso no somos los humanos realmente solidarios: porque hay algo que no vemos bien con lo cual no estamos de acuerdo. ¿Son solidarias las aves migratorias?

Entonces vemos que el poeta no habla de aves cualesquiera que vuelen juntas, habla de aves migratorias. Por eso es también posible que el poeta no está impresionado con el volar juntas de la aves migratorias, sino que con el hecho de su migrar juntas. O sea, lo que impresiona al poeta es la capacidad de las aves, al despegar y tomar vuelo, de asegurar que regresarán en fecha fija. En tal caso, por estar de acuerdo con aquello con que lo están, las aves aseguran un futuro; pueden hacer de un futuro distante y lejano algo seguro. En cambio nosotros los humanos vivimos haciendo planes de futuro que nos frustran, si no nos matan.

¿Cuál es la razón que explica todo esto? ¿De dónde deduce todo esto que dice el poeta? Ciertamente no hay nada más allá del poeta mismo del cual todo esto surge. Tal vez un ser humano sensible a la tragedia de un destino preestablecido e inamovible, o quizás adolorido por historias de división entre su gente, un habitante en rutas de aves migratorias como las grullas o las golondrinas, quizás un ser humano así, entre cientos o miles de ellos, de un salto así y, sin ninguna razón anterior, desde la nada, ilumina nuestro bregar empeñoso en la vida como una fundamental asintonía con lo que ocurre, con lo que se puede. Y un trozo de mundo es revelado.
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