Saturday, May 28, 2005

El Consumidor

Sorprendentemente el consumidor no figura en la literatura sobre economía sino hasta 1900 aproximadamente. De allí en adelante asume el rol central en la interpretación del comportamiento de los seres humanos en el mercado: consumir –satisfacer necesidades-es la motivación humana final. Y como el mercado se extiende a más y más campos de acción humana, el consumidor aparece como la encarnación esencial del ser humano. Ser humano consiste esencialmente en satisfacer deseos consumiendo productos que son adquiridos luego de un proceso de elección racional. (Milton Friedmann, premio Nobel, llegó a escribir un libro llamado Free to Choose, amazon)

Esta es una interpretación notablemente pasiva de los seres humanos. Vemos a otros y nos interpretamos a nosotros mismos de una manera mucho más rica: nos afanamos por construir identidades para nosotros y un sentido satisfactorio de uno-mismo, por inventar mundos valiosos, y bregamos por vivir la vida dotando a nuestra existencia y la de otros de sentido. Reconocemos en estas preocupaciones aquellas que nos hacen esencialmente más humanos. ¿Cómo surgió históricamente esta otra interpretación del ser humano que lo concibe esencialmente como consumidor?

Desde un comienzo los seres humanos percibieron la facultad de habla como aquello que los definía de manera distintiva y esencial. Los seres humanos somos “seres vivos que hablan”. Esta es la definición explícita de la filosofía griega. Esta facultad, la capacidad de hablar, aparecía ciertamente como algo maravilloso y múltiple. El habla es creadora de realidad, en el cantar y el poetizar, en el decidir político, en el dar cuenta de una misión encargada. El habla es reconocedora de realidad, correcta o incorrectamente, en el describir, afirmar y deducir. Los griegos reconocen e investigan la poética, la retórica, la lógica.

¿Por qué la lógica, el establecer, deducir y dar razones, adquirió un prestigio dominante como forma de habla? Muchas interpretaciones quizás pueden hacerse sobre esto, pero el hecho es que en el mundo romano y medieval el “ser vivo que habla” se convirtió en el “animal racional”, el animal que da razones. (M. Heidegger, “What is Called Thinking?” Lecture VI, amazon.). Todo esto se hizo con la convicción que da el sentido común, pareció solamente como una cuestión de traducción desde el griego.

El los siglos XVII y XVIII a partir de esta concepción, el ser humano fue investigado a fondo. El animal es caracterizado como el ser constituido por la percepción y el apetito; el ser que percibe el mundo y es orientado y movido afanadamente hacia éste. Ser racional es caracterizado como el ser constituido por la capacidad de dar razones correctas de los hechos del mundo y de sus propias acciones. ¡Y ya está aquí en potencia el consumidor!
Un ser que percibe el mundo, que tiene deseos que lo pulsionan y afanan, y que actúa para satisfacerlos dándose a si mismo, y a quien las pida, razones de sus acciones. Con mayor precisión, se termina interpretando la capacidad de percepción humana como la capacidad de hacer representaciones conceptuales del mundo y la racionalidad como la capacidad de manipular calculativamente estos conceptos. Y aquí ya está el ser humano caracterizado como consumidor en toda su contemporánea realidad. Faltaba solamente que la economía lo descubriera a fines del siglo XIX, precisamente cuando el comercio y las transacciones mercantiles fueran adquiriendo el carácter de una práctica omnipresente y ella requiriera una justificación en tanto que comportamiento humano.

Monday, May 16, 2005

Homo economicus.

Antes de llegar a ser lo que es, homo (que me perdonan las féminas) economicus era ya un ser social, y lo era casi desde el momento en que fue un ser biológico. Fue moldeado en un medio social antes que aprendiera a ser un agente "interesado y racional". A medida que aprendía a ser un agente de éstos, continuaba moldeándose en un mundo histórico determinado.

Por eso homo economicus viene en diversas variedades sociales, en diversas formas de ser históricas. Podemos distinguir ciertamente una manera norteamericana de una manera europea o japonesa de ser homo economicus, asi como Max Weber ponía tanto énfasis en distinguir una manera calvinista de serlo. Es evidente la diferencia que existe entre el modo norteamericano de sistemática invención y destrucción de empresas, del sistema corporativo y político europeo altamente estable, del sistema latinoamericano de grupos empresariales familiares nacionales, de la manera china de organizar extendidas redes familiares por el mundo, etc.

Es bueno que nosotros prestemos atención a este hecho que, quizás por obvio, no tenemos presente con claridad. Nos hemos dedicado con ahinco a formarnos como homo economicus todos estos años, lanzados como hemos estado a movernos individualmente en el plano económico, como único camino durante largos períodos de pobreza, y ante el riesgo cierto de miseria personal y familiar. Hemos aprendido, nos ha gustado y hemos progresado. En el intertanto, los economistas, -esos homo economicus expertos en el homo economicus- no han dejado de educarnos ruidosamente con gran celo al respecto. Quizás llegamos a pensar que es toda la educación que necesitamos.

¿Qué hace el homo economicus chilensis hoy?. Está activo, con el ánimo de estar a las puertas de un nuevo ciclo de expansión ecnómica, de repetir lo que ya hizo en los noventa y con eso duplicar lo que somos en la actualidad. De esta manera, dice, dejaremos atrás el tercer mundo. Pero lentamente ha ido creciendo el coro que duda sobre nuestra capacidad de producir este resultado final. Dudamos que la cosa sea tan simple y tan mecánica como cree el homo economicus. Por todos lados vemos manifestaciones de las limitaciones de fondo del País y nos parece ingenuo esperar que ellas desaparezcan sin más con el crecimiento económico. Ni siquiera estamos seguros que este último no se vea comprometido por las primeras. O sea, vivimos en un estado de ánimo diferente al de hace 10 años atrás.

Empezamos a darnos cuenta que, si consideramos el ser social histórico que somos, debemos evaluar que homo economicus chilensis lo hizo bien; tal vez lo mejor que pudo. Pero para continuar, ¿no tenemos ya la sospecha que hay algo en el ser social que somos que necesita reeducación, transformación?

No debemos culpar al homo economicus por no saber como prestar atención a esto. Pero algo debemos hacer al respecto puesto que éste es un aspecto fundamental de la situación histórica que enfrentamos. Miremos...

¿Qué decir de nuestro espíritu emprendedor? No de nuestra capacidad de hacer empresas y negocios más o menos estándares; sino que de innovar en nuevos tipos de productos y negocios, creando nuevos mercados en el mundo. Durante décadas antes de los 90 lo que importaba era la capacidad de predicción estratégica, hoy lo valioso es la capacidad de emprender. ¿Enseñamos esto en nuestros colegios e institutos superiores de educación? ¿O estamos aún sometiendo a nuestros jóvenes a prácticas verdaderamente reaccionarias en la sala de clases: 6 o más horas diarias sentados disciplinadamente, entregándoles datos y procedimientos?

¿Cultivamos así originalidad, capacidad creativa y habilidades socialmente movilizadoras? ¡Con razón los jóvenes saben que aprenden más en los recreos que en la sala de clases! Y en las universidades, ¿creamos jóvenes inspirados, imaginativos, comprometidos, líderes? O estamos produciendo resolvedores de problemas que se precian de sus habilidades calculativas, buenos managers de mundos más que inventores de mundos. El nombre del juego aparentemente continúa siendo - basta escuchar a nuestros graduados más brillantes - la astucia predictiva, la descripción anticipada. ¡Ya Francisco Antonio Encina decía alrededor de 1900 que nuestras elites son ordenadas y ahorrativas pero carecen de imaginación.!

Lo que es peor, en nuestros colegios nos encontramos preocupados de que hacemos mal aquello que ya hacemos. Pero no nos cuestionamos sobre el valor de lo que hacemos, no reflexionamos sobre lo que realmente se necesita en el mundo de hoy, y continuamos obsesionados con las malas comparaciones que hacemos con estándares que a estas alturas nadie sabe qué significan. Y la indiferencia, potencialmente violenta, de los jóvenes en los colegios, sigue creciendo. ¿No sería mejor tener el coraje de escuchar a nuestros jóvenes, que están más sintonizados con el futuro que nosotros, y no insistir tan obsesivamente en el empeño por enseñarles.?

¿Qué decir de nuestra capacidad para producir confianza? Ciertamente esta es una virtud social altamente valiosa para moverse en un mundo de encuentros veloces con millones de deconocidos. ¿Construimos identidad de gente confiable? No es necesario que respondamos esta pregunta, ni que hablemos de la “picardía criolla” –poca imaginación y mucha sinverguenzura- que valoramos tanto, del gusto por hacernos una “pasadita” en los negocios, con poco esfuerzo y menos escrúpulos, de la dificultad para conseguir que quienes venden cualquier cosa cumplan con los compromisos adquiridos, desde viviendas, durables, servicios profesionales etc. ¿Creemos de verdad que esta cuasi impunidad es necesaria para que el mercado sea libre?

Consideremos el pluralismo. El pluralismo es una virtud social importante no solo para la vida política, también para la convivencia en general, y en particular para los negocios. Los negocios valiosos implican cada vez más establecer relaciones con los clientes y con redes globales de proveedores y asociados, no es solamente cuestión de enviar o traer productos del extranjero. La dedicación solícita al mundo de los otros, a hacernos sensibles a sus valores y estilos de vida, a abrirles espacio y hacernos cargo de sus preocupaciones, es fundamental para 14 millones de seres en un mundo de 6 billones de seres distintos.

Ciertamente hemos aprendido tolerancia. Pero la tolerancia no es suficiente. Aceptarnos y tratarnos mutuamente como enemigos a los que no hemos podido derrotar, no nos prepara para movernos en el mundo tan variopinto y tan grande. Por el contrario, nos hace rígidos en nuestro afanes, ya sean conservadores o transformadores, nos obsesiona con nuestras diferencias exagerando nuestra propia importancia, nos hace aun más provincianos, nos cierra a las posibilidades del mundo y nos ciega a sus amenazas.

En el mundo de hoy los productos valiosos no son los commodities sino que las manifestaciones de estilos culturales que resultan atractivos globalmente. Los productos valiosos acarrean consigo la capacidad de introducir a los clientes del mundo, en su uso y consumo, en espacios culturales originales que les resultan valiosos. La experiencia con los productos evoca maneras de ser sociales únicas y distintivamente atractivas. Nuestros productoa acarrean con ellos por el mundo un pedazo del ser que somos; en cada cosa que producimo, un estilo, nuestro estilo cultural, se abre al mundo.

Es paradojal que siendo un país tan generosa y desproporcionadamente dotado de grandes poetas de estatura
mundial, que han cantado lo que somos a los cuatro vientos, inventando y descubriendo un Chile atractivo y relevante, tal creatividad se haga tanto menos presente en el mundo de los negocios y las creaciones económicas. Tal vez si exceptuamos la realidad de los vinos de marca (donde hemos ido creando una distinción simbólica en la vida contemporánea en el mundo - “el vino chileno”- , lo que ha exigido cultivar y proyectar un estilo cultural tradicional en viñedos, valles, y rutas) todo está por hacerse. Un generoso amor al País, un cuidado solícito que debe ir más allá del espacio en que nos movemos individualmente cada uno, una cultivada sensibilidad a las tradiciones que encarnamos y podemos proyectar valiosamente en el mundo, de todo eso depende.

No hacer nada refugiándonos en el escepticismo sobre nuestra capacidad de hacer algo es contribuir al derrotismo. Homo economicus y sus reflejos de querer tenerlo todo anticipado y calculado de antemano -el business plan- nos conduce fatalmente al escepticismo en este tipo de cosas. Lo que debemos hacer es incorporarnos a la acción comprometida que incluye la necesidad de nuestra propia transformación. Así entiendo yo al movimiento ATINA CHILE: una red de redes de chilenos comprometidos con cultivar en la acción empresarial, cultural y política un nuevo estilo para Chile, más emprendedor, más democrático y más solidario. Y en el proceso de nuestro empeño comprometido por hacerlo, empezar a encarnar en nosotros mismos una nueva posible manera de ser histórica.

Thursday, May 12, 2005

Carlos Catalán: el Segmento D

Mi amigo Carlos Catalán, consultor de empresas y Director del Magister de Comportamiento del Consumidor de la Universidad Adolfo Ibáñez, ha hecho una exposición en ICARE el martes recién pasado sobre el Segmento D, destacando a este sector sociodemográfico como uno que que tendrá una gran importancia en el nuevo ciclo expansivo que experimenta la economía chilena. Adjunto el texto de esta presentación.


El segmento D y el nuevo escenario económico.

(Un párrafo escogido de la presentación) Mirando el nuevo escenario económico del país, el segmento D será protagónico en el consumo en los próximos años, pero éste no volverá a consumir con las mismas prioridades y sentidos de antes del 98. En algunos aspectos la experiencia de los años recesivos redefinió la relación de este grupo con el consumo. (A la presentación completa)

Wednesday, May 11, 2005

El Heroe

Se dice que el heroe dijo: "nunca se ha arriado nuestra bandera,... y ésta no será la ocasión de hacerlo. Si muero, ...mis oficiales sabrán cumplir con su deber." Luego, dicen que llamó "...al abordaje". Varios lo siguieron.

El razonador se preguntará qué laya de silogismo es éste. Nada se sigue lógicamente de nada. Hay cuando menos tres saltos al vacío; los hemos identificado con puntos suspensivos. Saltos más grandes que el salto de abordar el buque enemigo. Injustificables. Potencialmente mortales. Creadores de un nuevo mundo de heroes.

El salto nace del heroe, se sostiene exclusivamente el él. Pero no de su capricho. El heroe llama a valorar ahora (en "esta ocasión") una tradición nuestra (el "nunca") por encima de todo valor humano individual ("si muero"). Por lo tanto, la declara sagrada e invita a imponerla como sagrada a los demás partícipes de la tradición ("mis oficiales"). Luego, hace lo que está más allá del deber y muere. Varios lo acompañan. Un nuevo mundo con raíces sagradas nace.

Ciertamente nada de esto carece de razón. El heroe no deja de pensar. Quizás lo suyo es el verdadera pensar, el pensar que transforma. Creador de historia. Y no es el razonar seguro, controlado, del razonador.

Monday, May 09, 2005

El Poeta.

Dice un poeta: "Nosotros no estamos de acuerdo como la aves migratorias". ¿De qué proposición se deduce ésta? ¿Hay algo desde lo cual pueda razonar este resultado el poeta? Difícil creerlo, pero tal vez podamos encontar algo si escuchamos con atención lo que se aquí se dice.

"Nosotros" presumiblemente se trata de nosotros a quienes se dirige el poeta, a quienes nos une con él el hecho que leamos su poema; nosotros los humanos que, por ser tales, podemos leer poemas. Entonces nosotros no estamos de acuerdo entre nosotros como si lo están las aves migratorias. Y aparentemente las aves lo están toda vez que vuelan juntas. Pero el poeta no habla de estar de acuerdo "entre nosotros" y tampoco dice que las aves lo estén "entre ellas". Quizás el poeta dice que las aves están de acuerdo con algo que las hace volar juntas y que no hay un algo así con lo que nosotros estemos de acuerdo. ¿Qué sería ese algo? ¿ Debido a esta ausencia no caminamos juntos nosotros los humanos? O tal vez no estar de acuerdo es más radical que simplemente no caminar juntos. Tal vez por eso no somos los humanos realmente solidarios: porque hay algo que no vemos bien con lo cual no estamos de acuerdo. ¿Son solidarias las aves migratorias?

Entonces vemos que el poeta no habla de aves cualesquiera que vuelen juntas, habla de aves migratorias. Por eso es también posible que el poeta no está impresionado con el volar juntas de la aves migratorias, sino que con el hecho de su migrar juntas. O sea, lo que impresiona al poeta es la capacidad de las aves, al despegar y tomar vuelo, de asegurar que regresarán en fecha fija. En tal caso, por estar de acuerdo con aquello con que lo están, las aves aseguran un futuro; pueden hacer de un futuro distante y lejano algo seguro. En cambio nosotros los humanos vivimos haciendo planes de futuro que nos frustran, si no nos matan.

¿Cuál es la razón que explica todo esto? ¿De dónde deduce todo esto que dice el poeta? Ciertamente no hay nada más allá del poeta mismo del cual todo esto surge. Tal vez un ser humano sensible a la tragedia de un destino preestablecido e inamovible, o quizás adolorido por historias de división entre su gente, un habitante en rutas de aves migratorias como las grullas o las golondrinas, quizás un ser humano así, entre cientos o miles de ellos, de un salto así y, sin ninguna razón anterior, desde la nada, ilumina nuestro bregar empeñoso en la vida como una fundamental asintonía con lo que ocurre, con lo que se puede. Y un trozo de mundo es revelado.
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Thursday, May 05, 2005

El Razonador.

Las palabras más frecuentes en el léxico del razonador: porque, se sigue que, en consecuencia.

Sostiene A, sostiene B; pero no quiere saltar de A a B. El razonador tiende un puente sólido que le permite caminar tranquilamente de A a B. La naturaleza no da saltos. El razonador es el miedo a saltar en acción.

Sólo debemos coincidir en A, lo demás es cuestión de razonar consecuentemente. Este es el credo del razonador. Y siempre podremos retroceder a un A suficientemente trivial, aceptable, inocuo, infantil finalmente, desde el cual podamos comenzar todos. El razonador es un niño que avanza paso a paso soportado por un andador.

Cada paso es una regla de tres. Una profesora de primaria estaría orgullosa. El razonador es un niño que aprendió la regla de tres.

¿A qué le teme el razonador? A equivocarse. Entonces se cuida de si mismo, evita creerse, desconfía y deja que niño y regla de tres lo guien. Solo estará mal, pero con ellos no. Solo es un potencial peligro, cree que es una equivocación a punto de detonar. El razonador se moldeó en el hábito de ser corregido.

Todo lo que el razonador sostiene es una consecuencia. Nada hay que lo comprometa propiamente con lo que sostiene. No es porque él lo sostiene que lo que sostiene se sostiene; lo que sostiene se sostiene por si mismo. Regla de tres y niño lo sostienen. Quizás podemos admirar su maestría infantil en moverse paso a paso.

El razonador no toma acciones que vienen de si mismo: practica inevitabilidades. El razonador es un profeta, y practica ritos de sacerdote. Adquiere autoridad subrepticiamente practicando el hábito de corregir.

Al hacer de todo una consecuencia , el razonador vive en un tiempo que tiene solamente presente. El futuro es una consecuencia de lo que hagamos o no hagamos en el presente. El razonador está a la espera de las consecuencias que deben seguirse, incluyendo estar activamente ocupado controlando las premisas para que ocurra lo que debe ocurrir. Está siempre indirectamente ocupado: no está haciendo lo que debe hacerse, sólo creando las condiciones. Está a la expectativa. El razonador controla: genera consecuencias futuras con acciones en el presente. Es un tecnólogo en todo lo que hace.