Tuesday, April 19, 2005

Enamorados del Modelo

El "modelo económico", ampliamente aceptado, es reconocido como una de las piedras angulares del consenso nacional que condujo a la reconstrucción de la democracia en Chile en la década de los 90. Es además apreciado como el responsable de los éxitos económicos chilenos de estos últimos años.

Ahora bien, este curioso término -“modelo económico”- hace pensar (al menos a mi me pasa) que quizás algo relevante se oculta con él, que hay algo menos consensuado que lo que imaginamos cuando decimos que tenemos acuerdo sobre el “modelo económico”. Por lo pronto, no estamos diciendo que tenemos acuerdo sobre cierto tipo de sociedad, sino que sobre el “modelo económico”.

El "modelo económico" surge de una mirada racionalista al funcionamiento económico de una sociedad liberal. Corresponde a la visión de economistas entrenados en centros de alto prestigio en Estados Unidos, donde se ha elaborado una interpretación del fenómeno de la asignación social de recursos y a dar normas para que ésta ocurra eficientemente. La respuesta medular es, como sabemos y concordamos, mercados libres. Pero el modelo en si mismo no modela un tipo de sociedad, tampoco corresponde a una reconstrucción de la lógica de las prácticas económicas cotidianas de las personas.

Amamos en común nuestro "modelo económico" pero no tenemos igual consenso con respecto al tipo de sociedad que queremos construir en Chile. Al menos no hablamos de esto con la misma frecuencia con la que repetimos nuestro consabido acuerdo sobre el "modelo económico". Como si esto fuera todo lo que necesitamos. Sin embargo, para la izquierda el "modelo económico" viene a ser algo así como una cuestión de mera mecánica o logística necesarias para que la producción se organice bien y los recursos se utilicen adecuadamente. No hay una interpretación más amplia de la manera en que ejercen su peso los mercados y la libre iniciativa económica en la estructuración del tipo de sociedad que somos. Ciertamente hay una ceguera con respecto a las posibilidades de reconfiguración del mundo social que se abren a la acción de producir e intercambiar de las personas en los mercados. Por eso la izquierda quiere distinguir entre economía y sociedad de mercado, aceptando la primera y renegando de la segunda. En el trasfondo, está la visión que el “modelo económico” le provee de los mercado y de la acción económica.

La derecha chilena en su mayor parte, muy influida por el discurso de sus economistas, confunde "modelo económico" con sociedad. Como si los vínculos sociales que construimos en la vida provengan exclusivamente del intercambio en los mercados. Como si todo lo que necesitamos hacer en la vida es producir, intercambiar, hacer contratos. Todas las preocupaciones sociales, en su entender, se resuelven bien dando libre curso a la iniciativa de los individuos organizados en mercados libres. No existe nada social más allá de eso. Por mantener esta interpretación han recibido el epíteto crítico de “neoliberales”

Mientras la derecha no ve que el actor económico es a la vez un ciudadano, la izquierda no ve que el ciudadano es a la vez un actor económico. Para ésta, el "modelo económico" ha dejado a la ciudad en la nubes, fuera de la producción y el intercambio. Para aquella, el "modelo económico" ha hecho desaparecer la ciudad como tal, sustituyéndola.

Nada permite distinguir mejor entre sociedad y "modelo económico" que el tipo de ser que habita ambos. En la sociedad encontramos a los individuos, a las personas concretas históricamente existentes. En el modelo económico encontramos al agente económico. Con la gente tenemos familiaridad, la sentimos conocida, pero ¿quién es el agente económico?

El agente económico es una máquina de calcular encajada de algún modo en un cuerpo biológico, el cual, mediante su capacidad de percibir, le provee información sobre el mundo, y también le crea apetitos y necesidades. La máquina de calcular resuelve estrategias para hacer máxima su satisfacción. Entre ellas está obviamente la de maximizar sus recursos económicos y distribuir sus gastos de manera óptima entre diversos fines. Esta interpretación constituye una visión altamente abstracta del ser humano y mediante ella el economista puede demostrar varios teoremas que le resultan útiles referentes a la asignación de recursos en la sociedad. También, por ser tan abstracta, tiene el dudoso valor de ser siempre defendible ex post facto: cualquiera sea la aparente contradicción a primera vista, el economista siempre puede decir que tras los fenómenos económicos que todos presenciamos está el agente económico trabajando. Que nosotros somos agentes económicos hasta nuestra médula misma.

No se trata de criticar este modelo de ser humano. Los modelos son siempre teoréticos, por lo tanto abstractos, y conviene juzgarlos por lo que ellos permiten explicar. En este caso, el agente económico permite explicar una serie de conductas económicas – tal como que si el precio de los huevos sube las personas comprarán menos huevos, y cosas por el estilo – que, a veces, sin que esté muy claro cuando, permiten hacer ciertas predicciones correctamente. Lo que importa, en el contexto que interesa aquí, es darnos cuenta que en nuestra convivencia en sociedad no nos reconocemos como agentes económicos ni reconocemos a los demás como tales, incluyendo el comportamiento propiamente económico. No interpretamos nuestra vida como vivida por un agente calculador que maximiza. Hay más, mucho más, en la vida que resolución de problemas.

Si el "modelo económico" está en la base de nuestro consenso, es fácil ver sus graves limitaciones. Tal vez en los malos estados de ánimos sociales que acarreamos todos (y de los que tanto nos quejamos) esté su resultado más claro y serio. Por un lado, la izquierda no sabe cómo hacer ciudad desde el mercado y la iniciativa individual. No sabe cómo ejercer de ciudadano en el mundo de la empresa y el intercambio. Se resiente y queda a la espera de la intervención del estado cuando el mundo social no le gusta. Por otro lado, la derecha se resiente de toda conducta social colectiva que sobrepase los límites de la iniciativa individual. Tiende a gritar foul y a pedir soluciones autoritarias cuando esto ocurre.

Por otra parte, conviene darse cuenta al pasar que esta interpretación del ser humano como agente económico, y del mundo social como "modelo económico", tiene serias consecuencias para las empresas en el mundo actual. Concebir a los clientes como agentes económicos impide dedicar a las empresas seriamente a su satisfacción. Concebir a los trabajadores como agentes económicos impide a las empresas tratarlos como factor económico fundamental e incorporarlos realmente como socios de largo plazo. Más serio todavía es que concebir a las personas como agentes económicos, bloquea a las empresas la posibilidad de innovar ofreciendo productos y servicios inéditos que el agente económico aun no ve como parte de su lista de necesidades. Ciertamente habitamos un lugar parecido a este.

(El mejor libro que conozco que permite reinterpretar la fundamental unidad que existe entre la acción económica y la acción cultural y la acción política, cuando se las considera en su potencialidad de creadoras de historia, es Flores Fernando et. al., Disclosing New Worlds, MIT Press, amazon . Hay traducción al español.)

2 Comments:

At 4:49 AM, Blogger Vicente Valjalo said...

Me parece que lo realmente complejo es la idea de modelo en si misma, dado
que es parte de la ceguera que genera. Al hablar en modelos, tal como
señalas, sólo vemos las cosas que se suponen de ver en los modelos. Agentes,
acciones y reacciones. Es una lógica mecánica y positiva -en el sentido
filosófico- de mirar. Concuerdo contigo en las consecuencias prácticas e
históricas que se producen al pensar en modelos.

En ese sentido, quizá sea un cambio saludable el hablar de "Sistemas" en la
medida que aparecen como más humanos e históricos, donde es posible ver
miradas, evoluciones, cambios de posiciones; en una palabra: flexibilidad.
Un Sistema Económico se abre a ser modificado. Un Modelo Económico a ser
simplemente aceptado o refutado. Este cambio en el lenguaje no es menor,
como nos enseña la filosofía análitica, sino que invita a un cambio en la
forma de actuar en el Sistema. Es decir, cuando hablamos de sistemas,
entramos dentro, somos parte de aquello que describimos. Los modelos, son
externos, sujetos a cambios desde fuera, cambios que otros producen. La
lógica sistémica de inclusión borra también la ilusión del Yo cambio por una
más realista donde el cambio ocurre en nosotros.

Comprender a las personas en su ser cliente, histórico, pasa por dar crédito
a la noción de interconexión entre los componentes del sistema donde somos.
Un cliente es hoy de cierta forma frente a ciertas condiciones y mañana será
otro en la medida que un día nunca es igual al anterior. Quién hoy es mi
cliente, mañana será mi proveedor (de información, ideas, capitales, etc).
La noción de cliente, en este contexto, nos comienza a ser incómoda ya que
no encierra la amplitud de significados que necesitamos. Contemplar sistemas
económicos nos obliga a redefinir la noción de cliente por otra. Una nueva
noción, sistémica, donde la palabra cliente nos queda fuera. Es una nueva
palabra la que hay que acuñar y que permita redefinir la relación de un
sujeto con la red de acciones y producciones -actos y productos- que
constituye su identidad. Es la noción de sujeto la que hace crisis...ya que
ella no es suficiente para dar cuenta del cambio estructural que vivimos;
cambio que nace de poner la máquina a un lado y situar al hombre en el
centro del debate.

No es malo que junto a la discusión sobre los modelos económicos, también
tengamos un debate alrededor de la forma histórica en como articulamos lo
que pensamos. Los modelos y quizá las derechas y las izquierdas -cuando se
modelizan- se enquistan en un espacio histórico con poca posibilidad de
cambio. Por ello quizá sea importante tratar de buscar otra
palabra/concepción alternativa a Modelo que permita generar una práctica
histórica centrada en los clientes-agentes-proveedores.

Saludos.

Valjalo

 
At 8:12 AM, Blogger Herman Schwember said...

Aquí hay un buen punto de partida para interpretar al humano(a) moderno como ciudadano, consumidor y receptor de ingresos. Esto últinmo es más amplio que trabajador o productor porque en el mundo moderno los ingresos de los rentistas, empresarios, jubilados, etc. son todos importantes para al economía.

esta interpretación es cercana a la de flores en discvlosing New worlds, sólo que me la puedo imaginar llevándola a un modelo integral riguroso, mucho más interesanrte que el moddelo económico (que es muy, muy poco interesante)

cordialmente

Herman Schwember

 

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